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Un año después... la selección española en el Mundial Femenino de 2019

By Chantal Reyes | junio 24, 2020 | Futbol Femenino

El Mundial de Francia 2019 fue histórico para la selección española en muchos sentidos. Logró su primera victoria mundialista, y también el pase a la segunda fase de la competición. Además, en octavos de final plantó cara y compitió ante los Estados Unidos, que luego ganó su cuatro Mundial. Jorge Vilda por fin planteó alternativas en su hasta entonces intocable sistema 4-3-3, obteniendo mejoras notables que pueden marcar el camino de la selección hacia la Eurocopa de 2022.

España es una selección que, pese a no ser un equipo históricamente dominante en el fútbol femenino en categoría absoluta, siempre ha querido implantar su propio estilo de juego, uno en el que prima el dominio del balón. Es por ello que el 4-3-3 se ha convertido en un esquema hasta hace un año prácticamente intocable. Superioridad en ataque pero manteniendo el equilibrio defensivo son aspectos positivos que aporta el sistema al equipo. Balón y toque son los ingredientes esenciales del combinado español en ese esquema, y eso se vio reflejado en el Mundial de Francia.

España fue, junto a la campeona Estados Unidos, la selección que más tiros por partido intentó (18). Esto refleja el claro estilo dominante de combinado español que, sumado a la gran cantidad de pases dados en cada partido, también demuestran su carácter asociativo.

No solo en el plano ofensivo la selección tiene un papel destacado, al menos en cuanto a disparos generados, y no tanto en cuanto a ocasiones materializadas, sino que también es habitual encontrarse a un equipo sólido en la zaga de la defensa. La dupla Irene Paredes-Mapi León es uno de los puntos fuertes del equipo, que siempre demuestra solidez defensiva. A los laterales todavía les falta algo más de profundidad, pero en el eje de la zaga pueden presumir de tener a una de las mejores parejas a nivel internacional. Es cierto que el Mundial lo comenzaron dubitativas, como toda la selección, pero se fueron asentando partido tras partido.

España fue el cuarto conjunto que menos disparos recibió, 6.75 por partido. Sólo Canadá, Estados Unidos y Francia recibieron menos. Eso fue en parte resultado de un sistema de presión alta. España intentó romper las posesiones de sus rivales con más frecuencia que cualquier otro equipo y sólo Canadá limitó a sus oponentes a un menor porcentaje de acierto en el pase.

 

Sumado el buen hacer defensivo con la cantidad de tiros por partidos, se podría esperar una selección con mejores resultados. Pero lo cierto es que se vio asolada por un mal endémico que arrastra desde hace años, la falta de gol.

A lo largo de todo el campeonato, España volvió a acusar la falta de una nueve goleadora. Sin pegada y con la falta de acierto de cara al gol, estamos acostumbrados a ver a una selección con muchos tiros, pero pocos goles. Los dos primeros contra Sudáfrica llegaron desde el punto de penalti, ambos marcados por Jenni Hermoso, y a partir de ahí, tan solo Hermoso y Lucía García fueron capaces de anotar.

España realizó una buena cantidad de tiros pero de una calidad media relativamente pobre.

Este gráfico muestra la distribución de los tiros (línea roja) y tiros recibidos (línea azul) de la selección durante el Mundial. Podemos ver que realizó más tiros de calidad baja y media que sus oponentes pero casi la misma cantidad de tiros de buena calidad, los que históricamente han resultado en gol al menos una de cada tres veces.

A la falta de gol se le suma la falta de verticalidad, que explica también en parte las dificultades de la selección para anotar. Posesión, un juego plano, sin velocidad, y pases y pases pero sin llegar el último. Son aspectos negativos que se reflejan de forma general en el juego de la Selección, particularmente con el 4-3-3, pero a los que en el Mundial de Francia se les intentó poner remedio.

El sistema 4-3-3 es incómodo para uno de los pilares ofensivos del equipo, Hermoso. Es una futbolista que, si bien aporta mucho gol, se siente más cómoda dando el último pase. Le gusta tener libertad de movimiento y moverse en zona de tres cuantos, y eso en un 4-3-3 en el que actúa como punta es casi imposible, y más cuando le acompaña una futbolista como Amanda Sampedro que pierde velocidad por banda, como pasó contra Sudáfrica en el primer partido del torneo.

Por ello uno de los problemas a la falta de gol de la selección puede ser el 4-2-3-1. Jorge Vilda lo probó contra Alemania, y se vieron los mejores primeros 30 minutos de la selección en todo el campeonato. Demostró que una selección intensa, vertical y con ocasiones era posible. También contra China se optó por ese sistema, si bien se topó con una muralla infranqueable.

El 4-2-3-1 es una solución porque de esa forma, Jenni se coloca como mediapunta y tiene delante una referencia ofensiva, en este caso Nahikari García. Se facilita la movilidad de la madrileña, que encuentra mejores espacios y se puede asociar con jugadoras como Lucía García o Mariona Caldentey, y con Nahikari de enganche.

Otro aspecto a tener en cuenta fue la participación de las laterales. La banda izquierda de la selección fue prácticamente inoperante. Ni Marta Corredera ni Leila Ouahabi fueron capaces de convertir ese lateral en una vía ofensiva. Es cierto que con Leila mejoró y que Corredera fue más eficaz en su banda derecha natural, pero en ninguno de los sistemas empleados, la banda izquierda funcionó.

Andrea Falcón, que además de extremo puede actuar como lateral, es una buena respuesta a esa situación. La futbolista es una de las jugadoras más diferenciales de la selección junto a Lucía García en ámbitos de desborde y verticalidad, por lo que su presencia ahí podría suponer una mejor vía ofensiva. También Ainhoa Moraza del Athletic Club, quien no estuvo en el Mundial pero sí en la SheBelieves Cup este marzo, es una lateral con perfil ofensivo que puede ser un comodín para el seleccionador.

En banda derecha, Corredera demostró ser más efectiva desde donde debió empezar la competición, especialmente cuando Lucía García también estaba en el terreno del juego. Avanzó el balón (a través de pases, regates y conducciones) al último tercio más a menudo (por cada 90 minutos) que cualquier compañera.

El 4-2-3-1 también reflejó la importancia de una jugadora clave como Virginia Torrecilla. Tanto con Silvia Meseguer como con Patri Guijarro tuvo buen papel en la salida del balón, sobre todo en la progresión por el carril central. El doble pivote mejoró problemas porque dio libertad a Virginia, y además la defensa se mostró más sólida. Se imprimió más carácter y orden al equipo, mejorando el ataque, y demostrando intensidad y verticalidad desde el principio.

Si bien el 4-2-3-1 demostró dar muchas facilidades al conjunto español y solucionar muchos problemas, Jorge Vilda no se quiso despedir del 4-3-3. Encontró su mejor versión contra Estados Unidos. Inicio sólido, presión alta, rápida réplica. Pero también mucho daño del conjunto americano por las bandas, que sufrieron mucho. No obstante, el 4-3-3 en ese partido fue el mejor visto en la selección por años. Incluso Jenni funcionó mejor y pudo aprovechar la presión de Lucía García. El 4-3-3 con el que inició el Mundial contra Sudáfrica no tiene nada que ver con el que terminó contra Estados Unidos.

Por tanto, a pesar de introducir variantes como el 4-2-3-1 que han mejorado su rendimiento ofensivo, España parece afincada en ese 4-3-3. Sin embargo, por fin Jorge Vilda supo dar con la tecla en su hasta entonces intocable sistema que permitió ver mucho margen de mejora, y que encontró en las más jóvenes un plus de frescura que puede ser importante de cara a la próxima Eurocopa.

Lucía García fue, junto a Hermoso, León y Torrecilla, todas ellas ya experimentadas en la selección, de las mejores jugadoras españolas del Mundial. Sólo Hermoso hizo una contribución directa (realizando el tiro o el pase que asistió al tiro) a más tiros que la delantera vasca.

García fue la encargada de aportar verticalidad y movimiento por esa banda derecha, y mostró tener buena asociación con Hermoso. Máxima goleadora en el Athletic, puede ayudar en esa carencia de gol y llegar a Inglaterra como una de las jugadoras clave de la selección, tras sumar dos años más de experiencia. Es junto a Marta Cardona, a quien hemos visto en partidos posteriores del Mundial y a Falcón, quien ahora mismo puede aportar mayor desborde a la selección.

Asimismo, Aitana Bonmatí y Patri Guijarro están llamadas a ser piezas clave de la selección. La primera fue destacada en ese primer partido contra Sudáfrica, aportando fluidez al campo, y con una visión de juego privilegiada. La segunda, compañera de Aitana en el Barcelona, aporta polivalencia e inteligencia táctica, y dirige al equipo desde el pivote defensivo. Además, cuenta con un buen golpeo exterior, y brilla como interior.

Estas jugadoras, sumadas a las generaciones venideras y a las experimentadas forman un conjunto que, tras mostrar una mejora sustancial en el Mundial de Francia 2019, prepara su camino a una Eurocopa 2022 que ilusiona mucho y para la que España llegará preparada para mejorar su papel gris de la Eurocopa 2017.


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Article by Chantal Reyes