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Ajuste por cada 90 minutos

By Pablo P. Rodriguez | diciembre 5, 2019 | Introduccion

Continuamos con la serie de artículos en los que tratamos de explicar el uso del análisis de datos en el fútbol y algunos conceptos relacionados con ello. Históricamente la mayoría de investigación en esta área ha sido realizada en inglés, pero queremos contribuir a cambiar eso. Esto pretende ser un manual básico para entender los datos y métricas que se están generalizando en el fútbol y previsiblemente serán parte del vocabulario estándar en pocos años, si no lo son ya.

Hablaremos de matemáticas pero también de fútbol. Intentaremos que estos artículos sean comprensibles, ilustrativos y didácticos.

El tema que vamos a tratar hoy es el ajuste por cada 90 minutos en las métricas.

Ajuste por cada 90 minutos

Utilizar medidas que sean estandarizadas es probablemente el primer paso que se debe dar para evaluar la aportación de un jugador de manera objetiva, analizar su rendimiento y comparar entre distintos jugadores.

Actualmente, ajustar por 90 minutos no es una novedad y existen propuestas adicionales, con sus pros y sus contras. Sin embargo, es todavía habitual en muchos lugares emplear medidas absolutas o medidas por partido.

¿Por qué utilizar medidas ajustadas?

La premisa básica es que en función del tiempo de juego del que disponga un jugador tendrá más o menos posibilidades de realizar acciones y de generar rendimiento acorde a su habilidad real.

La segunda premisa es que, hasta cierto punto, el tiempo de juego del que los jugadores disponen es independiente de ellos.

Utilizar medida absolutas imposibilita las comparaciones entre jugadores que disputan diferente cantidad de minutos a lo largo de una temporada.

Las medidas por partido, por otro lado, están fuertemente sesgadas debido a que hay jugadores que participan habitualmente en un porcentaje mayor de minutos que otros, ya sea por lesiones, tendencia a ser sustituidos o a entrar del banquillo entre otros factores. Este último punto es importante y afecta también al ajuste por 90 minutos como veremos más adelante.

Para corregir estos problemas la solución más sencilla y práctica es ajustar las medidas de rendimiento por cada 90 minutos. Es decir, mostrar el rendimiento cada 90 minutos de juego.

Para ajustar una medida de esta manera simplemente necesitamos la siguiente fórmula:

 

Tiros cada 90 minutos = (90/minutos jugados)*total tiros

 

Vamos a ver un ejemplo sencillo. En la tabla inferior tenemos los tiros de la pasada temporada de Vinícius Junior y Portu. Como se puede observar, ambos tienen la misma cantidad de tiros a lo largo de toda la Liga. Sin embargo, al ajustarlos en función del tiempo de juego de cada uno las diferencias en el volumen rematador de ambos jugadores se hacen evidentes. Mientras que Portu promedió 1.30 tiros cada 90 miutos, Vinícius Junior generó 4.17 tiros cada 90 minutos.

Si llevamos esta diferencia a los 38 partidos que dura una liga se traduciría en una diferencia de 100 tiros más para el jugador brasileño.

Al mismo tiempo, hay jugadores cuyas diferencias absolutas son grandes, pero al ajustarlas por 90 minutos se reducen o incluso igualan, siendo el factor tiempo de juego lo que explica las diferencias.

Con los datos de La Liga 2018-2019, vemos que pese a que Borja Iglesias remató 23 veces más que Iago Aspas a lo largo de la temporada, cuando ajustamos la medida en función del tiempo de juego de cada uno, el rendimiento de ambos jugadores en lo que respecta a tiros fue similar.

El tamaño de la muestra importa

A pesar de la innegable utilidad de este tipo de ajustes en las métricas de rendimiento, hay que hacer varias matizaciones al respecto.

Por un lado, hay que tener cuidado con el tamaño de la muestra del jugador. Esto es debido a que los jugadores que juegan pocos minutos tienen mayor variabilidad en su rendimiento, y mientras que no sería raro que en 300 minutos un jugador promediara 4 tiros cada 90 minutos es bastante improbable que esa media se mantenga al disputar mayor número de minutos por pura regresión a la media.

Para evitar estos problemas normalmente se filtra un mínimo de minutos para incluir a los jugadores en listas, comparaciones entre diferentes individuos, o para proyectar su rendimiento.

 

Por otro lado, hay que tener en cuenta las razones por las que un jugador que promedia buenos números ajustados cada 90 minutos acumula poco volumen total de juego a lo largo de la temporada. Quizás subyace una alta incidencia lesional u otro tipo de problemas que desconocemos.

No obstante, a veces las razones por las que un jugador no consigue disponer de suficientes minutos son aleatorias, no dependen de su habilidad real, o los entrenadores no son infalibles. Por tanto, es posible que un jugador con buenos números cada 90 minutos que no es seleccionado para jugar de manera habitual en determinadas circunstancias sea capaz de generar ese rendimiento de manera consistente bajo otras circunstancias.

Los sesgos relativos a las sustituciones

Por último, hay que tener en cuenta que las métricas cada 90 minutos no están exentas de sesgos. Algunos de los más reseñables son los relativos a las sustituciones.

Por ejemplo, se ha hallado que los jugadores atacantes que entran desde el banquillo rinden muy por encima de lo que se esperaría de ellos en medidas como Contribución Goleadora (Asistencias + Goles) cada 90 minutos.

Las razones que explican esto pueden ser varias. Desde un punto de vista puramente fisiológico, es razonable que cuando un delantero entra desde el banquillo los jugadores defensores estén fatigados, por tanto tenga mayor facilidad para generar ocasiones.

A nivel táctico, el entrenador habitualmente introduce un delantero en el campo cuando el equipo lo requiere dado un resultado adverso. Puesto que con un resultado desfavorable el equipo que va perdiendo necesita hacer gol, es más probable que genere más ocasiones de lo habitual. Esto puede ser una causa para inflar los números del delantero que entra desde el banquillo.

Relacionado con lo anterior, también se ha encontrado que en las segundas partes, y concretamente en el último cuarto de hora, se convierten más goles. Sobra decir que es en estos momentos cuando se realizan la gran mayoría de sustituciones, por tanto es posible que los jugadores que entren de refresco se beneficien de ello (o que sean ellos los causantes de ese aumento en la conversión).

Para concluir, es posible que los jugadores que son sustituidos también tengan una ventaja dado que no están en el campo en los momentos de mayor fatiga y donde previsiblemente tendrían menor posibilidad de aportar al equipo. Por tanto, esos minutos donde sería esperable que su rendimiento disminuyera no serían contabilizados indirectamente inflando sus números cada 90 minutos. Esto puede ser debido a que no tienen la condición física suficiente o a que el entrenador tiene una estrategia concreta para cada momento del partido.

Conclusión

Ajustar las métricas es un paso necesario para poder establecer comparativas objetivas entre jugadores. Hacerlo por cada 90 minutos es una solución sencilla, robusta y útil para este fin. Sin embargo, no está exenta de sesgos, y esto es algo normal, puesto que todo modelo es tan útil como limitaciones tenga. Nuestro deber es ser honestos y explícitos en ello para proporcionar una visión completa y ser conscientes de las limitaciones para seguir avanzando.

Existen otras propuestas para ajustar las métricas, como pueden ser los ajustes por un número dado de posesiones. Estas alternativas, además de requerir cálculos más complejos y ser menos intuitivas, no están tampoco libres de problemas: Desde la propia definición de unidad de posesión hasta el hecho de que hay equipos que sistematicamente tienen posesiones más largas que otros.

Finalmente, como dice Nate Silver, es clave contextualizar los datos para evitar estos y otros sesgos al hacer una evaluación del rendimiento de los jugadores.

 

 

Article by Pablo P. Rodriguez