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La historia de la Copa de Europa a través de los datos: 1960, Real Madrid 7-3 Eintracht Frankfurt

By Nick Dorrington | abril 23, 2020 | Champions League

La Copa de Europa, ahora conocida como Liga de Campeones, fue la creación de Gabriel Hanot, el editor de L’Équipe. Disputada por primera vez en 1955, rápidamente se convirtió en la competición más prestigiosa para los clubes europeos. Muchos de los grandes equipos de este deporte han sellado sus legados con la conquista del famoso trofeo.

 

Con la ayuda de nuestros datos, vamos a analizar una final de cada década, desde los sesenta hasta la actualidad, observando las tendencias, avances y diferencias a lo largo del tiempo.

El primer partido es la victoria por 7-3 del Real Madrid sobre el Eintracht Frankfurt en la final de 1960 en Hampden Park de Glasgow, la que siendo la final con el mayor número de goles en la historia de la competición.

El Real Madrid había ganado cada una de las primeras cuatro ediciones, y había perdido sólo seis veces en 35 partidos de la Copa de Europa antes de este encuentro.

Formaciones

Esta es todavía la época de la formación 3-2-2-3 (WM), con una delantera formada de dos extremos, dos interiores y un delantero centro. Con ciertos matices, ambos equipos emplearon este sistema.

Un partido rápido e impreciso

Lo primero que destaca es la cantidad de veces que ambos equipos perdieron la posesión. El Real Madrid completó un 69% de sus pases; el Eintracht Frankfurt sólo un 61%. Por comparar, la media de pases completados en la última temporada de la Liga de Campeones fue 80%.

Hubo 483 posesiones en la final de 1960, comparado con las 374 de media por partido en la más reciente edición.

Durante la retransmisión, el comentarista habló mucho sobre de la superficie irregular de Hampden Park. Es un factor posible para explicar el número de pases fallidos. Sin embargo, pareció más una consecuencia inevitable de la verticalidad con la que ambos equipos jugaron. Un ejemplo de libro de partido de ida y vuelta y muchísimos tiros. En cuanto recuperaban la posesión, ambos equipos progresaban a un ritmo más rápido que los equipos de hoy en día. El total final de 42 tiros fue 13 más que el total de la final de 2018-19, y 15 más que la media de la competición de esa temporada.

En estos días, no se ven muchos partidos con cómputos tan altos de Goles Esperados (xG):

En definitiva, fue un encuentro de pases rápidos y duelos individuales. Entre los dos equipos intentaron 55 regates, de los cuales 33 fueron completados... esta cifra es apróximadamente el númer medios de regates intentados en la competición de la temporada pasada.

Balones largos de los porteros

La obvia impresión al ver el partido es que ambos porteros sacan el balón en largo más a menudo que los de los equipos mejores del fútbol moderno. Egon Loy, del Frankfurt, consiguió una distancia impresionante en varios de sus lanzamientos durante el primer tiempo.

Los números lo avalan. La longitud media de los pases de los porteros de la gran mayoría de los equipos considerados como ganadores de la Liga de Campeones contemporánea se sitúa en un rango entre 32 y 40 metros. En este partido, la media del Real Madrid fue 48.86 metros; la del Frankfurt, 50.93.

Hubo muy pocos inicios de juego construidos pacientemente desde el fondo. El Real Madrid elaboró un poco más dentro de su tercio defensivo, pero ambos equipos principalmente buscaron un avance rápido del balón al campo contrario.

La mayoría de las jugadas vinieron de recuperaciones en el tercio medio del campo.

Alfredo di Stéfano: El delantero todoterreno

Alfredo di Stéfano quizás merezca un lugar más prominente en las discusiones sobre el mejor jugador de todos los tiempos. Ganador de títulos en tres países distintos y motor de los cinco triunfos consecutivos del Madrid en la Copa de Europa, no sólo fue un gran goleador sino también un organizador del juego muy hábil.

En nuestra serie sobre Lionel Messi, mencionamos que Di Stéfano fue el tipo de delantero ambulante y de colaboración que en el lenguaje de hoy probablemente describiríamos como un ‘Falso Nueve’, y eso es algo que se refleja en su papel en este partido.

El primer toque de Di Stéfano ocurre en la mitad de su propio campo, recibiendo el balón de un compañero, haciendo una finta y avanzando hacia el espacio creado. Una escena que se repite a lo largo del partido, normalmente acompañada de gestos de movimientos sugeridos para los que le rodean. Los lugares en que recibió el balón demuestran el grado de su participación en la construcción del juego y el avance de la posesión.

En Luis del Sol, un interior de energía y clase, tenía un cómplice clave. Intercambiaron más pases que cualquier otro par de jugadores.

Cuando Di Stéfano apareció en áreas más congruentes con su posición inicial como delantero centro fue en gran parte para convertir a corta distancia dentro del área. Así vinieron dos de sus tres goles.

El tercero vino de un saque inicial. Después de intercambios con Gento y Del Sol, aceleró por el centro del campo antes de disparar a la esquina desde fuera del área. Uno de los grandes goles de las finales de Copa de Europa.

Puskás: El tirador

Di Stéfano marcó un hat trick pero no fue suficiente para ser el máximo goleador del Real Madrid en este partido. Ese honor fue para Ferenc Puskás, nominalmente el interior izquierdo pero más a menudo el jugador más adelantado del Madrid.

Era un papel que Puskás estaba acostumbrado a ocupar. En el gran equipo de Hungría de los cincuenta, jugó al lado de Nándor Hidegkuti, quien, como Di Stéfano, era a menudo más un jugador que armó jugadas que un delantero centro puro. Si miramos el mapa de pases de la famosa victoria de Hungría sobre Inglaterra en Wembley en 1953, es interesante notar cuán similares son las posiciones y espacios relativos entre Puskás y Hidegkuti allí, y Puskás y Di Stéfano en esta final.

Puskás era notorio por sus potentes disparos, y parecía pasar la mayoría de este partido golpeando el balón hacia la portería cada vez que se le presentaba una oportunidad. Incluso en un partido de muchos tiros, su total de 11 fue cinco más que cualquier otro jugador.

Sus cuatro goles (incluyendo un penalti) deberían haberle hecho ganar el balón del partido para siempre. Sin embargo, la persistencia de capitán del Frankfurt, Hans Weilbächer, finalmente lo desgastó.

 

El ataque del Frankfurt

El Frankfurt empezó bien el partido e incluso se puso por delante, pero luego el mayor talento del Madrid empezó a brillar y en el descanso ya parecía bastante claro que el Frankfurt no iba a tener opciones. La producción ofensiva de sus dos interiores era mucho más limitada que la de sus homólogos madrileños.

La amenaza del equipo alemán provenía de los dos extremos y del delantero centro Erwin Stein. Por la derecha, Richard Kress provocaba problemas recibiendo el balón y conduciendolo hacia delante en cada oportunidad.

Sin embargo, fue Stein quien causó más daño, anotando dos veces y asistiendo al otro. En una época de sistemas de marcaje individual, fue interesante ver cuán perturbadores para la defensa del Madrid fueron sus desmarques al carril derecho. Fue la manera más fiable que tuvo el Frankfurt para avanzar al último tercio y también produjo el primer gol del encuentro. Stein recibió un pase de Dieter Lindner a ese espacio, se dirigió a la línea de fondo y cruzó al primer palo para que Kress lo convirtiera.

Obstrucción

Con el ojo moderno, algunas de las faltas que se pitaron en este partido parecen muy generosas. El estándar de lo que se consideraba una obstrucción era obviamente mucho más bajo en ese entonces. Simplemente colocarse más o menos en el camino del oponente era suficiente para ser penalizado. El penalti pitado a favor del Madrid es la más leve de todas las obstrucciones leves.

El “debería haber marcado” del partido

Nuestro comentarista, Kenneth Wolstenholme: “No puedes permitirte desperdiciar una ocasión como esa y ganar la Copa de Europa.”

Article by Nick Dorrington